El verano trae consigo días más largos, más actividades al aire libre y temperaturas elevadas. Sin embargo, la exposición prolongada al calor puede tener efectos importantes sobre nuestra salud, especialmente en personas mayores y en aquellas que presentan enfermedades neurológicas, daño cerebral adquirido o dificultades de movilidad.
En el ámbito de la neurorrehabilitación, prevenir los efectos del calor es especialmente importante. La deshidratación, el agotamiento y el golpe de calor pueden provocar alteraciones que afectan al funcionamiento del organismo y comprometer el bienestar y la recuperación de las personas.
¿Por qué el calor puede afectar al cerebro?
Nuestro organismo dispone de mecanismos para mantener estable la temperatura corporal. Cuando las temperaturas ambientales son muy elevadas, estos mecanismos pueden verse sobrepasados, especialmente si existe deshidratación o una exposición prolongada al calor.
El sistema nervioso desempeña un papel fundamental en la regulación de la temperatura corporal. Por ello, cuando una persona presenta una alteración neurológica, determinados factores pueden hacer que sea más vulnerable a los efectos del calor.
Además, la deshidratación puede favorecer la aparición de cansancio, mareos, confusión, debilidad o alteraciones del equilibrio, síntomas que pueden ser especialmente relevantes en personas que ya presentan dificultades neurológicas o motoras.
Por este motivo, durante los meses de verano es importante adaptar las actividades, mantener una correcta hidratación y prestar atención a cualquier cambio en el estado habitual de la persona.
Calor y neurorrehabilitación: ¿quién necesita especial atención?
Aunque cualquier persona puede sufrir los efectos de las altas temperaturas, existen determinados factores que pueden aumentar la vulnerabilidad.
En el ámbito de la neurorrehabilitación conviene prestar especial atención a personas con:
- Daño cerebral adquirido, como ictus o traumatismos craneoencefálicos.
- Enfermedades neurodegenerativas.
- Dificultades de movilidad o dependencia para realizar actividades cotidianas.
- Alteraciones cognitivas que puedan dificultar la percepción de la sed o la comunicación del malestar.
- Personas mayores o con otras enfermedades crónicas.
- Personas que toman determinados medicamentos que pueden aumentar la sensibilidad al calor o favorecer la deshidratación.
Esto no significa que estas personas deban evitar toda actividad durante el verano, sino que es recomendable adaptar las rutinas y extremar las medidas de prevención.
¿Cómo prevenir un golpe de calor?
La prevención es la mejor herramienta frente a las altas temperaturas. Algunas recomendaciones sencillas pueden ayudar a disfrutar del verano con mayor seguridad:
💧 Mantener una buena hidratación
Beber agua con frecuencia es fundamental, incluso aunque no aparezca sensación de sed. En personas con determinadas patologías o restricciones de líquidos, es importante seguir siempre las indicaciones de su equipo sanitario.
🌡️ Evitar las horas de mayor calor
Siempre que sea posible, conviene programar las actividades y sesiones de ejercicio o rehabilitación durante las horas más frescas del día.
🧢 Protegerse del sol
Utilizar ropa ligera y transpirable, sombrero o gorra y buscar zonas de sombra ayuda a reducir la exposición directa al calor.
🏠 Mantener los espacios frescos
Permanecer en lugares frescos, ventilados o climatizados durante los momentos de mayor temperatura puede ayudar a prevenir el sobrecalentamiento.
🚶 Adaptar la actividad física
El ejercicio y la actividad son importantes para mantener la movilidad y la autonomía, pero durante los días de mucho calor es recomendable adaptar la intensidad, duración y horario de las actividades.
En neurorrehabilitación, esta adaptación debe realizarse teniendo en cuenta las capacidades y necesidades de cada persona.
¿Cuáles son los síntomas de un golpe de calor?
Reconocer las señales de alarma permite actuar rápidamente.
Algunos síntomas pueden ser dolor de cabeza, mareo, náuseas, debilidad, confusión, alteraciones del comportamiento o pérdida de conciencia. En los casos más graves pueden aparecer convulsiones o coma.
El golpe de calor es una urgencia médica. Ante una sospecha, se debe solicitar atención sanitaria urgente y comenzar a enfriar a la persona mientras llega la ayuda.
Cuidarse del calor también forma parte de la rehabilitación
La neurorrehabilitación busca favorecer la recuperación, mantener las capacidades y mejorar la autonomía de cada persona. Para conseguirlo, también es importante cuidar aquellos factores que pueden interferir en su bienestar.
Durante el verano, hidratarse correctamente, evitar el exceso de calor, adaptar la actividad y reconocer las señales de alarma son medidas sencillas que pueden contribuir a mantener una buena calidad de vida y continuar con las rutinas de rehabilitación de forma segura.
Porque cuidar el cerebro también significa cuidar todo aquello que contribuye a su bienestar.
En Casaverde trabajamos para acompañar a cada persona durante su proceso de recuperación, adaptando la rehabilitación a sus necesidades y circunstancias.
